La competencia perfecta


El modelo de la competencia perfecta es probablemente el modelo más importante de toda la teoría económica. En esta entrada pretendo explicar los supuestos de los que parte y los resultados a los que llega.

Supuestos

1)Tiene que haber muchos compradores y muchos vendedores. Cuando hay muchos compradores y muchos vendedores, éstos no tienen capacidad para influir individualmente en el precio, se dice que los participantes en ese mercado son precioaceptantes, es decir, tienen que aceptar el precio que hay en el mercado sin tener capacidad de decisión.

2)El producto debe ser homogéneo, es decir, los consumidores consideran que los productos producidos por diferentes productores son iguales. Por ejemplo, en el caso de los restaurantes, dos restaurantes pueden preparar el mismo plato pero cada uno con un toque personal que lo hace diferente, en ese caso el producto ya no sería homogéneo. Un ejemplo de producto homogéneo pueden ser los de muchos mercado agrícolas donde las mercancías están muy estandarizadas, de modo que se negocia una determinada variedad, de una determinada temporada, con un determinado proceso, de una procedencia concreta, todo perfectamente estandarizado.

3)Debe haber información perfecta sobre el producto. Ello implica que los participantes en el mercado saben todo sobre el producto y además saben que los otros intervinientes disponen de la misma información. No hay margen, entre otras cosas, para oportunismos, en el sentido de vender un producto de unas características distintas a las que se predican de él. Tampoco existen riesgos, ni incertidumbres.

4)Hay libertad de entrada y salida del mercado, no existen ni barreras a la entrada ni barreras a la salida. Ello implica que los participantes pueden entrar o salir de ese mercado sin coste. Es muy importante porque en función de los resultados, la existencia de beneficios puede llamar a la entrada de nuevos productores, lo mismo que la existencia de pérdidas puede llevar a la salida de productores.

Efectos que produce la competencia perfecta

Un productor deberá buscar el máximo beneficio, para lo cual deberá hacer lo más grande posible la diferencia entre sus ingresos y sus costes. Para ello, deberá decidir la cantidad que producirá. ¿Hasta cuando deberá seguir produciendo? Parece claro que deberá seguir produciendo mientras cada unidad que produzca le suponga un coste menor al ingreso que va a obtener de ella, y deberá dejar de producir una determinada unidad si el coste que le supone es superior al ingreso que obtiene de ella. Producirá una cantidad tal que no tenga incentivos a producir más ni a producir menos. Esa circunstancia se producirá cuando el coste de producir una determinada unidad, lo que se denomina coste marginal, sea igual al ingreso que obtiene con esa determinada unidad, lo que se denomina ingreso marginal. Pero ahora planteémonos cuál es el ingreso marginal. El ingreso que obtendrá por una unidad más del producto será el precio que tiene que aceptar en el mercado porque, dado que hay muchos productores, que produzca más o menos no influirá en el precio. Por lo tanto, la competencia lleva a que el precio sea igual al coste marginal.

En el corto plazo, ese resultado podría llevar a beneficios o a pérdidas para el productor. Se preguntará usted, estimado lector, como podría tener el productor pérdidas si, para cada unidad que produce, el ingreso que le proporciona esa unidad es superior al coste. Pues eso es posible debido a que existen unos costes, denominados costes fijos, que son independientes de la cantidad producida. Si lo que ha ganado con cada una de las unidades que ha producido es menos que el coste fijo tendrá pérdidas extraordinarias, si es más tendrá beneficios extraordinarios. Como existe libertad de entrada y salida, mientras subsistan beneficios extraordinarios habrá un incentivo a que entren empresas en el mercado, mientras  haya pérdidas extraordinarias habrá un incentivo a que salgan empresas del mercado. En el largo plazo, se llegará a un equilibrio cuando ya no haya incentivos a entrar ni a salir del mercado, es decir, en el largo plazo los beneficios extraordinarios serán nulos.

Pero, ¿qué quiere decir que los beneficios extraordinarios sean nulos? No significa que los productores no obtengan una remuneración, significa que obtienen unos beneficios normales, es decir, unos beneficios que, según las características de la actividad, y en particular de las características de riesgo de la actividad, no incitan a las empresas ni a entrar ni a salir del mercado. El capital de la empresa está remunerado a una tasa que le compensa del coste de oportunidad, de la rentabilidad que hubiese podido obtener en otra inversión de riesgo semejante y que no obtiene por haberse decantado por invertir en la empresa.

Para que los beneficios sean los normales los ingresos totales tienen que ser iguales a los costes totales, que como decimos incluyen una remuneración normal al capital. Si lo valoramos por unidad, el ingreso medio ha de ser igual al coste medio. Pero el ingreso medio no es otra cosa que el precio, por lo que en el largo plazo la competencia perfecta  llevará a que el precio sea igual al coste medio.

Pero ya hemos dicho que, en el corto plazo, y también en el largo, la competencia lleva a que el precio sea igual al coste marginal, al coste de producir una unidad más o una unidad menos. Por lo tanto, si el precio es igual al coste marginal y al coste medio, la conclusión es que, en el largo plazo, la competencia perfecta lleva a que el coste marginal y el coste medio sean iguales.

Esta conclusión nos lleva a preguntarnos cuándo el coste marginal y el coste medio son iguales. En otra entrada explicaba las relaciones entre la productividad media y la productividad marginal, y  explicaba que serán iguales en el máximo de la productividad media. Lógicamente los costes tiene un  comportamiento complementario, de manera que el coste marginal es igual al coste medio en el mínimo coste medio. Ello tiene lógica, ya que el coste medio bajará mientras el coste de cada unidad adicional, el coste marginal, esté por debajo de la media. En el momento en que el coste marginal iguale al coste medio ya no seguirá rebajando la media. Y en el momento que el coste de una unidad adicional, el coste marginal, sea superior al coste medio, la media, el coste medio, subirá. Por lo tanto, la conclusión es que la competencia perfecta en el largo plazo lleva a producir al mínimo coste medio posible.

Por lo que respecta a la eficiencia, la competencia perfecta produce un equilibrio eficiente en el sentido de Pareto. Una situación es eficiente en el sentido de Pareto si no es posible que se beneficie alguien sin perjudicar a nadie. De ser posible, lo eficiente es que algún agente se beneficiase sin perjudicar a ninguno de los otros, ello constituiría una mejora paretiana. Es cuando ya no son posibles las mejoras paretianas cuando se dice que una situación es eficiente en el sentido de Pareto. Como hemos dicho, la competencia perfecta lleva a que el precio sea igual al coste marginal de la última unidad intercambiada en el mercado e igual a la disposición de los consumidores por la última unidad que se intercambia. Imaginemos ahora que el precio es superior al precio de equilibrio de la competencia perfecta. En ese caso, los consumidores comprarían una cantidad menor a la cantidad del equilibrio en competencia perfecta, se intercambiarían menos unidades. O imaginemos un precio más bajo que el de la competencia perfecta, en el que los productores venderían solamente las unidades cuyo coste sea inferior al precio, y por lo tanto también se intercambiarían menos unidades que con el precio de equilibrio de la competencia perfecta. En estas condiciones, habría un número de unidades sin vender cuya valoración por los consumidores es superior al coste que tienen para los productores. Alguien podría salir beneficiado si cada una de esas unidades se intercambiase a un precio que se situase entre el coste que tiene para los productores producirla y la disposición a pagar de los consumidores por consumirla. La competencia perfecta lleva a que se intercambien todas las unidades cuya valoración por los consumidores es superior al coste para los productores, y nada más que esas unidades, por lo que no es posible una mejora paretiana, la competencia perfecta conduce a una situación eficiente en el sentido de Pareto.

Acerca de Gonzalo García Abad

Licenciado en Economía con amplio interés en la Fiscalidad, la Contabilidad, las Finanzas y el Derecho.
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8 respuestas a La competencia perfecta

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