Costes y beneficios de un rescate industrial


Con motivo de la triste situación por la que está pasando Abengoa, algunos políticos como Pedro Sánchez han propuesto establecer lo que podríamos denominar un rescate industrial. ¿Es bueno o es malo el rescate industrial? Este tipo de medidas económicas no suelen ser blancas o negras, sino que benefician a unos y perjudican a otros. Conviene pensar en los costes y beneficios de un rescate industrial.

Efectos para los trabajadores

Los trabajadores de una empresa que fuese objeto de un rescate industrial tendrían el beneficio de tener una mayor probabilidad de conservar su trabajo. Hay que tener en cuenta que una de las alternativas puede ser un concurso en el que se liquide la empresa, lo cual es casi garantía de que se perderían muchos puestos de trabajo.

Pero la inversión pública para salvar a la empresa no iba a ser gratis. Seguramente el Estado tendría que hacer ajustes en la empresa que supondrían seguramente algunos despidos (menos que sin el rescate) pero, sobre todo, supondrían cambios. Algunos trabajadores tendrían un nuevo destino, otros un nuevos puesto, otros tendrían que aceptar nuevos procesos, etc. Es probable que haya bastantes resistencias.

Efectos para los accionistas

Este sería un aspecto controvertido. En principio parece que si entrase el Estado sería para entrar en una empresa que no vale nada. En condiciones normales lo lógico es que perdiesen toda su inversión. Pero siempre podrían decir los accionistas que en el concurso podrían haber encontrado soluciones alternativas para la viabilidad de la empresa y que el concurso sin rescate industrial habría terminado en un convenio en el que sus acciones tendrían un valor.

Hasta cierto punto podrían tener razón. Si no existen posibilidades de viabilidad, ¿qué hace el Estado metiéndose en un rescate industrial?

Efectos sobre los proveedores

Los grandes grupos industriales tienen tras de sí una larga lista de proveedores que sirven como una pieza más del gran engranaje del proyecto de la empresa. Se verían afectados fundamentalmente de dos maneras. En primer lugar, los proveedores cobran por los trabajos que realizan para el grupo que pudiese ser objeto de rescate industrial. Lo normal es que los proveedores tengan muchas facturas por cobrar.

Se puede condicionar la entrada del Estado en el rescate a la aceptación de unos determinados planes que puedan incluir una quita o una espera. En ese sentido, los proveedores podrían perder dinero, aunque sin rescate industrial sus perspectivas pueden ser peores.

El segundo aspecto importante es la relación a largo plazo entre el grupo objeto de rescate industrial y sus proveedores habituales. El rescate industrial podría ser una vía para el mantenimiento de esa relación a largo plazo, pero también puede ser la vía para establecer nuevas condiciones. Los efectos sobre los proveedores habituales dependerán de manera crucial de su capacidad de adaptarse a los nuevos planes de futuro.

Efectos del rescate industrial sobre otros acreedores

Además de trabajadores y proveedores existirán otros acreedores como los titulares de títulos de deuda o los bancos acreedores. En principio, lo lógico sería que saliesen beneficiados, toda vez que uno de los principales objetivos del rescate industrial sería aportar mayor seguridad a las inversiones en sectores industriales calificados de estratégicos para el país. Seguramente perderían menos que sin rescate industrial.

Efectos del rescate industrial sobre los clientes

Los clientes pueden tener sus temores sobre la supervivencia de su proveedor, lo que puede condicionar algunos de sus planes. Pero, en todo caso, tras un rescate industrial es probable que algunos de los productos no se sirvan de la misma manera y quizá algunos dejen de ofertarse. Si se hiciese todo como hasta el momento de la situación que ha motivado el rescate poco sentido tendría hacer el rescate, salvo quizá para sortear alguna situación externa a la empresa (como una catástrofe o una crisis económica).

Efectos sobre la población de las zonas donde la empresa tiene sus principales centros de intereses

El rescate industrial tiene como uno de sus principales objetivos que muchos de los recursos materiales y humanos que estaban empleados en la empresa objeto de dicho rescate industrial sigan estándolo. Eso puede ser importante para las zonas geográficas donde están los principales centros de trabajo de la empresa. Pero esa es una moneda de dos caras.

Por un lado, es probable que sea la manera más rápida y segura de mantener el empleo y la utilización de muchos activos situados en una zona que se podrían ver en el desempleo (los trabajadores) o en la falta de uso (los activos) sin el rescate industrial.

Por otro lado, no hay que olvidar la situación de crisis de la empresa. Es posible que una empresa con malas perspectivas esté siendo el destino de buena parte de los mejores recursos materiales y humanos de la zona. En los casos en que así fuese, a largo plazo a ningún lugar le beneficia invertir en proyectos sin viabilidad.

Efectos sobre el ciudadano como contribuyente

En principio, Hacienda y la Seguridad Social suelen ser acreedores, pero acreedores privilegiados, lo que facilita el cobro. Por lo tanto están en juego sus créditos frente a la empresa. La parte que esperasen no cobrar no es en realidad un coste del rescate. En ese sentido cuando decimos “el Estado pondrá X en el rescate” hay que tener muy presente el dinero que no se pensaba recuperar en soluciones alternativas sin rescate.

También hay que tener en cuenta que, de no haber rescate, las pérdidas derivadas del concurso para los diferentes acreedores minorarán las expectativas de obtención renta de esos acreedores y de los trabajadores despedidos (probablemente durante muchos años) y, por lo tanto, la cuota que paguen en el IRPF o en el Impuesto sobre Sociedades. En cierto modo, sin rescate, el Estado comparte una parte de las pérdidas en forma de menor recaudación impositiva por la menor capacidad económica de los perjudicados.

Pero también hay que tener en cuenta que, de haber un convenio alternativo en el que no participase el Estado, Hacienda participaría de los beneficios sin participar de los riesgos.

No obstante, la clave está en cómo se gestione la empresa. ¿Será la empresa capaz de generar beneficios suficientes como para que compense a los contribuyentes la inversión? Es muy importante tener en cuenta el uso alternativo que puedan tener los fondos destinados al rescate industrial.

Efectos para los competidores

En principio, los competidores, que en empresas que se califican de estratégicas suelen tener sus principales centros de intereses en el extranjero, salen perjudicados por el rescate industrial. Se está apoyando a inversiones que favorecen unas determinadas exportaciones frente a esos competidores internacionales. Seguramente, de no existir el rescate industrial la cuota de mercado de los competidores sería mayor. El rescate industrial es una forma de restringir el libre comercio internacional.

Pero existe un segundo efecto, el del precedente para los competidores. Si esas prácticas de rescate industrial se generalizan, aquellos con quienes se relacionen saben que siempre tendrán la garantía de que el Estado saldrá en su rescate, lo que permite a la empresa pagar menos a sus acreedores por la disminución del riesgo. Algo semejante sucederá con trabajadores, proveedores y cualquier otro grupo relacionado con esas empresas. Es previsible una mayor asunción de riesgos de la que existiría sin rescate industrial.

 

Valoración conjunta de los efectos

Apostar por un rescate industrial puede tener algún sentido, aunque no siempre, en empresas que se han visto afectadas por un factor externo a la organización e imprevisible, por ejemplo la crisis o determinadas catástrofes.

También puede justificarse como política redistributiva. Se pretende dar a través del presupuesto público estabilidad a un conjunto grande de familias ligadas a una empresa en situación de crisis. En este punto hay dos consideraciones muy importantes:

  1. Hay que valorar muy bien cuáles podrían ser los usos alternativos de los recursos, sobre todo los humanos. No es lo mismo que la gente se vaya al paro sin perspectivas de recuperar un empleo que dejar un trabajo en una empresa sin futuro posible y encontrarlo en otra con un proyecto de futuro bien construido.
  2. Para evitar que una iniciativa de rescate industrial derive en clientelismo debería tomarse con el máximo consenso posible, de lo contrario podría tener unos efectos muy perjudiciales para la economía y la política.

Desde el punto de vista del fomento del crecimiento del país, una medida como el rescate industrial genera importantes perturbaciones en los mercados, y particularmente en las expectativas de los intervinientes. Esas perturbaciones no siempre serán positivas y en muchos casos  pueden perjudicar al conjunto de la economía.

Puede ser perjudicial para la innovación, en el sentido de que se lanza la señal de que se apostará siempre por los mismos proyectos, los calificados como estratégicos, aunque fracasen. No olvidemos que los recursos no son infinitos y que se están desplazando recursos a las empresas rescatadas.

La principal ventaja para el conjunto de la economía podría ser el mantenimiento de empresas experimentadas en sectores con efectos importantes sobre el conjunto de la economía. En ese sentido, en la mayoría de las actividades el aprendizaje mediante la práctica reduce los costes de esas actividades, dando una ventaja a las empresas pioneras. Los principales beneficios de una política de rescate industrial vendrían de impedir que esa experiencia se desperdicie.

Y un último aspecto de enorme importancia es la forma en la que jurídicamente se instrumente el rescate industrial. Tiene que ser una forma que aporte certidumbre, no genere controversias jurídicas y evite en todo lo posible convertirse en un conjunto de medidas ad hoc, lo cual es siempre una fuente de incertidumbre en el comportamiento de los agentes económicos, que pueden tener expectativas de que en otros casos futuros se tomen medidas semejantes, sin saber exactamente a qué atenerse.

 

Acerca de Gonzalo García Abad

Licenciado en Economía con amplio interés en la Fiscalidad, la Contabilidad, las Finanzas y el Derecho.
Esta entrada fue publicada en Economía Pública, Empresa, Finanzas y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s