El gasto privado en educación


Uno de los debates sobre educación donde observamos las posiciones más encontradas es el relacionado con su financiación. Existen posturas muy distantes, desde quienes defienden que el Estado debe financiar toda la educación (sin ningún papel para el gasto privado) a quienes defienden que no debería haber gasto público en educación. Entre ambas posturas hay todo un abanico de posiciones intermedias.

A la luz de los datos podemos observar que, si tomamos como referencia los países de la OCDE en 2012, ningún país rebasó el 2,5% del PIB dedicado a gasto privado educativo. El que tuvo mayor gasto privado educativo fue Chile, con un 2,2%. Lo podemos observar en el siguiente gráfico.

Gasto privado en educación en países de la OCDE

En este gráfico se recogen los datos de gasto en instituciones educativas privadas, neto de la financiación pública que puedan recibir. No se recogen otros gastos educativos que hayan sido financiados por los hogares como los libros, clases particulares o gastos de manutención de los estudiantes.

Observamos que España se encuentra en una posición intermedia, pero, no obstante, con un gasto privado en educación reducido (un 0,5% del PIB, menos de una cuarta parte del de Chile).

Se pueden extraer dos conclusiones importantes:

  1. El gasto privado en educación no es excesivamente elevado en ningún país de la OCDE

El gasto privado en educación compite fundamentalmente con el gasto público destinado también a la educación y con otros gastos de inversión. La educación, en parte, tiene un componente de consumo, de ocupación de un tiempo sin pretensión de futuro, pero, fundamentalmente, el gasto en educación es una inversión de futuro orientada a la adquisición de conocimientos y habilidades que sirvan a los estudiantes en muchas facetas de su vida y a la consecución de títulos que sirvan de señal de alta productividad.

Invertir en educación es esencial para el crecimiento económico, es una fuente de capital humano, pero los rendimientos disminuyen a partir de determinados volúmenes de inversión. A partir de esos niveles, que pueden diferir según los países, la inversión en educación tiene una dura pugna con otras inversiones.

Pero, fundamentalmente, la principal competencia que tiene el gasto privado en educación es la del gasto público en educación. Un insuficiente gasto público en educación merma las oportunidades de amplios sectores de la población.

La educación es cara y si no se financiase sustancialmente a través de los impuestos, el acceso a ella quedaría seriamente restringido para muchas personas, que dependerían de la beneficencia de otras personas más pudientes. Tanto por el hecho de que los más pudientes pueden no tener suficientes incentivos para financiar la educación de los más pobres, como por el hecho de que los más pobres pueden no estar dispuestos a aceptar esta clase de beneficencia, la provisión de servicios educativos sería insuficiente.

El hecho de que ningún país de la OCDE rebase el 2,5% de su PIB en gasto privado educativo es muy ilustrativo de que el gasto público educativo es muy necesario y de que todos los países tienen conciencia de ello. Es importante tener en cuenta que la financiación pública de la educación no prejuzga si debe ser provista por el sector público o el privado. Existen fórmulas de financiación pública y gestión privada, como los conciertos.

2. Existen distintos patrones de gasto privado educativo

Observamos como sistemas educativos con éxitos en algunos aspectos importantes como, por poner dos meros ejemplos, el surcoreano o el finlandés tienen patrones de gasto privado educativo completamente distintos. Parece que no existe un único camino universal hacia el éxito, cada país debe encontrar su camino, o sus caminos.

Apostar por una financiación casi exclusivamente pública puede traer el beneficio de una mayor cohesión social, pero para ello se han de tener éxitos educativos. No todo en educación es financiación. 

Apostar por un papel relevante de la financiación privada tiene la ventaja de exigir una implicación de las familias y las empresas en la educación como un camino de futuro, como algo que hay que planificar y de lo que hay que responsabilizarse. Y si familias y empresas realizan aportaciones que vayan más allá de lo financiero, que impliquen nuevas formas exitosas de enseñar y de aprender, eso puede ser beneficioso para el conjunto del sistema.

Acerca de Gonzalo García Abad

Licenciado en Economía con amplio interés en la Fiscalidad, la Contabilidad, las Finanzas y el Derecho.
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4 respuestas a El gasto privado en educación

  1. Alfonso dijo:

    “Invertir en educación es esencial para el crecimiento económico, es una fuente de capital humano, pero los rendimientos disminuyen a partir de determinados volúmenes de inversión” ¿Por que la educación tiene rendimientos decrecientes? Gracias de antemano.

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    • Muchas gracias, Alfonso. Efectivamente creo que la situación puede diferir entre distintos países y lugares. Puede haber situaciones en las que una determinada inversión en formación genere unos conocimientos que llamen a nuevas necesidades de conocimiento. Un ejemplo de ello pueden ser países necesitados de una formación muy especializada que dé sus principales frutos al final de un largo período de formación.

      Sin embargo, el caso más habitual es aquél en el que lo primero que se aprende es realmente lo más decisivo en nuestras vidas. En primer lugar, porque la primera infancia es un período de aprendizaje muy intenso. En segundo lugar, porque la aplicación de esos primeros conocimientos (como sumar, restar, multiplicar, dividir, leer o escribir) tiene un impacto extraordinario en todo el conocimiento posterior. Además, los valores más importantes se adquieren en esa etapa de la vida. También hemos de tener en cuenta la motivación del estudiante. Cuando conseguimos motivar a un niño pequeño, ese efecto se va multiplicando durante su vida. Cuando intentamos motivar a estudiar a un adulto desmotivado, lo que se multiplica es el esfuerzo que tenemos que aplicar.

      Quizá se pueda hacer mucho en educación con poco esfuerzo, pero mucha paciencia. Me refiero a que quizá la gran aportación del gasto en educación haya sido sacar del analfabetismo a una generación y que sus efectos se muestran en la siguiente generación. Una vez las madres y los padres de los estudiantes saben la importancia de la educación habiendo disfrutado ellos al menos de un mínimo, apoyan y motivan a sus hijos para aprender más y mejor. Digo lo de la paciencia porque tiene que transcurrir una generación entera, disfrutando de los mejores frutos los hijos.

      Por otra parte, está la cuestión organizativa. Invertir más en educación suele apoyarse mucho en invertir en reducir la ratio de alumnos por profesor. Cuanto mayor es el número de profesores, más complejo es el reto de coordinar a muchos profesores y a sus diferentes visiones educativas. Y también está el problema de encontrar un número suficiente de profesores con el talento necesario, donde la vocación es esencial. A un profesor sin vocación, por mucha formación que adquiera, siempre le faltará algo. Me parece que, por desgracia, más allá de campañas de publicidad, es complicado invertir en búsqueda de vocaciones docentes.

      Por eso creo que, en términos generales, llega un momento donde los rendimientos del gasto en educación son decrecientes, aunque pueda haber situaciones concretas en las que puedan ser crecientes como la que describo al inicio de este comentario.

      Pueden, sin embargo, existir excepciones en ámbitos novedosos en los que los rendimientos sean crecientes. Por ejemplo, las habilidades relacionadas con las nuevas tecnologías pueden generar una red en la que, cuantas más personas conozcan lo mínimo imprescindible para manejarse en esas tecnologías, el beneficio para los que ya lo conozcan crezca cada vez más.

      Un cordial saludo,

      Gonzalo García Abad.

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  2. Alfonso dijo:

    Muchísimas gracias Gonzalo.

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