El motor del cambio en la investigación universitaria


La universidad atraviesa desde hace tiempo un importante proceso de cambio. Seguramente, la investigación universitaria del futuro será muy diferente a la que hemos venido conociendo tradicionalmente.

El profesor universitario tradicional

Tradicionalmente, el principal sistema de incentivos entre los profesores universitarios ha sido el reconocimiento. Las fuentes han sido múltiples: la citación en artículos académicos, la realización de ponencias en congresos científicos relevantes, la posibilidad de publicar en las revistas más prestigiosas, los premios, que se haya contado con ellos para la elaboración de obras colectivas, el nombramiento de catedráticos, la participación en instituciones y proyectos, etc.

Menos frecuentemente, el reconocimiento se trasladaba a los presupuestos de la universidad para la que trabajaban. Por ejemplo, se podía dotar de mejores medios materiales su departamento o facultad, se podía financiar un proyecto de investigación costoso, financiar estancias internacionales o atraer la presencia de colegas de otras universidades.

La importancia del protagonismo individual en la universidad tradicional

El profesor universitario siempre ha trabajado con la misma materia prima: el conocimiento. Todos sabemos que el conocimiento es una obra colectiva. De ahí viene esa famosa expresión “a hombros de gigantes“. Los más grandes científicos deben mucho a sus predecesores e, incluso, a sus colegas coetáneos.

Sin embargo, hasta aproximadamente mediados del siglo XX, ha habido un protagonismo individual muy importante. Muchas personas investigaban en los más diversos campos, pero siempre ha habido un selecto grupo de grandes autoridades. Los más reconocidos han sido considerados como los “padres” de sus respectivos campos.

En algunos casos, una determinada rama ha podido tener varios padres, pero su número es normalmente escaso. Es decir, han podido trabajar muy duramente centenares de profesores universitarios, pero el liderazgo intelectual estaba muy definido en torno a un pequeño grupo de personas.

Si miramos hacia atrás y comparamos con el presente, podemos comprender mejor el proceso de transformación de la universidad. Por ejemplo, podemos observar la lista de los premios Nobel de Física. Si nos detenemos en los primeros años, vemos que encontramos, fundamentalmente, profesores universitarios con un protagonismo histórico en el desarrollo de la disciplina.

Han sido profesores que han recibido un reconocimiento enorme, tanto dentro del ámbito académico como, incluso, fuera de él. Además, ese reconocimiento es muy superior al que reciben prestigiosos científicos de la actualidad. De hecho, podemos hacer una prueba. Pruebe a preguntar a amigos o conocidos sin un conocimiento muy extenso en la materia por cinco importantes físicos. Lo más probable es que no encuentre nadie que le nombre a cinco personas vivas o que hayan fallecido en las cuatro últimas décadas.

Ese reconocimiento también se produce a escalas más pequeñas. Por ejemplo, se recuerda a profesores que, aun no siendo pioneros mundiales sí lo han sido a nivel de su país, su facultad o su departamento.

La inteligencia colectiva y la universidad del futuro

¿Qué ha cambiado? Lo que hace que los profesores universitarios sean, ya no menos reconocidos, sino menos reconocibles, es el auge de una forma de desarrollo del conocimiento mucho más apoyada en la inteligencia colectiva.

Hoy, los grandes proyectos aúnan a muchas personas. Colaboran investigadores universitarios y de centros no universitarios de distintas partes del mundo. Además, suelen recibir aportaciones multidisciplinares.

Más aún, muchos grandes retos son abordados de forma independiente y sin coordinación previa por diferentes investigadores, que normalmente trabajan en diferentes centros. Se van realizando aportaciones sucesivas que van ampliando los trabajos anteriores, completándolos, rectificándolos, mejorándolos, depurando errores, verificando hipótesis, etc.

De esta forma, se pueden emprender investigaciones de proporciones desconocidas hasta ahora. Ya no se trata solamente de abrir nuevos caminos, sino también de explorar en profundidad los que se han venido recorriendo.

Además, la ambición de los proyectos hace que se difuminen las fronteras tradicionales entre una universidad más centrada en la ciencia básica y otro tipo de centros de investigación no universitaria fundamentalmente centrados en la ciencia aplicada.

Las posibilidades de elección del profesor universitario

En gran parte, se puede decir que las posibilidades de elección del profesor universitario tradicional han estado ligadas al reconocimiento recibido. Cuanto más reconocimiento y prestigio tuviera más posibilidades se le han venido abriendo.

Progresivamente, el margen para elegir el futuro de su carrera como investigadores se va reduciendo. Forman parte de un engranaje muy grande y, en general, su libertad se manifiesta en la opción de adherirse o no a un determinado proyecto o a iniciar o no investigaciones en un campo concreto, pero no tanto a cambiar la configuración de su trabajo.

La pregunta que queda por resolver es: ahora que el reconocimiento individual a determinados profesores universitarios va decayendo, ¿cuál será el principal sistema de incentivos a la investigación en la universidad del futuro?

Acerca de Gonzalo García Abad

Licenciado en Economía con amplio interés en la Fiscalidad, la Contabilidad, las Finanzas y el Derecho.
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