¿Existe el cortafuegos financiero europeo?


En estos días, a consecuencia de las dificultades atravesadas por Grecia, muchos han manifestado su menor preocupación por la existencia de un cortafuegos financiero que evitaría que los problemas financieros se extendiesen por la zona euro. Se enfatiza que, en estos últimos años, se ha avanzado en las reformas, en la integración bancaria, en los mecanismos de resolución bancaria y en los mecanismos de rescate. Pero, llegado el momento de una crisis de confianza en la deuda pública de algún país o grupo de países de la eurozona, el QE (también denominado expansión cuantitativa) sería la pieza básica de ese cortafuegos financiero.

¿Por qué se supone que el QE debería servir de cortafuegos financiero?

El QE es un programa de compra de bonos, fundamentalmente orientado a la adquisición de deuda pública a largo plazo. Se plantea como una herramienta para evitar la deflación. Pero la compra de bonos hace que su precio aumente (o, al menos, no baje) y, por lo tanto, bajen los tipos de interés que se exigen por la deuda pública de los países de la eurozona (o, al menos, se mantengan).

En condiciones normales, los diferentes estados suelen recurrir a pagar lo que deben con nuevas emisiones de deuda. Difieren de forma indefinida en el tiempo el pago de la deuda. Pero un día puede surgir la desconfianza de los inversores y haber cada vez menos inversores dispuestos a prestar dinero a ese estado que ha perdido la confianza de los inversores. En ese caso, el estado afectado  deberá, en principio, pagar más por sus emisiones de deuda. El peso de los intereses en los presupuestos públicos sería en esa situación cada vez mayor. Se genera, por tanto una inquietud adicional, porque a las dificultades ya existentes de las finanzas públicas de ese país se une una pesada carga de intereses que agrava la situación. Además, en esos casos los especuladores suelen apostar por ahondar la situación. Puede llegar una situación en la que ese estado no pueda financiarse emitiendo deuda en los mercados y deba solicitar ayuda a otros países.

Se supone que el QE debe ser un mecanismo que consiga recuperar la confianza de los inversores. El BCE compraría todos los bonos que fuesen necesarios para mantener los tipos de interés a largo plazo de la deuda pública. Aunque existan limitaciones con el actual programa, si se considerase necesario se podría ampliar la compra de bonos todo cuanto se considere necesario. Se habría ganado tiempo, de modo que el país cuestionado podría abordar medidas para sanear sus finanzas públicas. El posible problema desaparecería con el paso del tiempo, al menos eso es lo que se pretende.

¿Puede servir el QE como cortafuegos financiero a largo plazo?

Se piensa que el QE durará unos cuantos trimestres más. La cuestión es si unos cuantos trimestres es tiempo suficiente como para recuperar la confianza ante un posible recrudecimiento de los problemas en las finanzas públicas de los países de la eurozona, que no olvidemos no están relacionados exclusivamente con Grecia.

Si se produce un asentamiento de la recuperación de la eurozona, es muy probable que se alivie mucho la desconfianza hacia las finanzas públicas de diversos países de la eurozona. La recuperación de la eurozona es aún demasiado débil. Pero si se asienta producirá un alivio de los presupuestos de los diferentes estados, además de una reducción de la proporción que representa la deuda pública sobre un PIB más grande. El retorno a la inflación que podría acompañar al crecimiento podría suponer un alivio para los países deudores. Si esas circunstancias no contribuyesen lo suficiente como para que el país con problemas recuperase la confianza de los inversores, un ajuste adicional del presupuesto sería algo más sencillo con la recuperación económica en marcha.

Sin embargo, una recaída en la crisis complicaría mucho las cosas. Ante el mayor riesgo, muchos inversores podrían decidir tener menos títulos de deuda pública de los países más expuestos a problemas. Eso haría que los precios de la deuda pública de esos países bajasen y, en consecuencia, los tipos de interés de la deuda pública subiesen en los mercados donde se negocian. Las nuevas emisiones de deuda pública también se harían a un mayor interés, reflejando el mayor riesgo. La solución sería ampliar el QE o utilizar cualquier otra medida por parte del BCE que condujese a aliviar la presión sobre la deuda pública de los países afectados.

Pero, en ese caso, la situación sería enormemente distinta. No se estaría ganando tiempo para que los ajustes presupuestarios, las reformas en la economía, la recuperación de la eurozona y el retorno a la inflación disipasen las dudas sobre los países afectados. En ese caso se estaría creando una dependencia de las finanzas públicas, y del sistema financiero europeo e internacional de las medidas de apoyo a países con problemas.

 Los estados afectados sabrían que la estabilidad financiera internacional depende de la situación de sus finanzas públicas. Una serie de impagos de la deuda pública en algunas economías grandes de la zona euro podría ser catastrófica para el sistema financiero internacional. Y, para evitar esos impagos, quizá no fuesen abordables rescates financieros internacionales por el tamaño de algunas economías de la eurozona. Las medidas de ajuste presupuestario y las reformas estructurales no son medidas políticamente agradables. En esas condiciones, los países deudores podrían presionar para sustituir las medidas políticamente desagradables por medidas de apoyo como una extensión del QE u otras medidas semejantes. Pero eso es un freno a las medidas que contribuyan  a hacer más sostenible la deuda.

Los distintos tipos de medidas de apoyo a países de la eurozona cuya deuda pública se cuestione pueden ser pertinentes para resolver situaciones concretas de desconfianza en la deuda pública de algún país o grupo de países de la eurozona. Sin embargo, no es recomendable tomar medidas que puedan incrementar la percepción del riesgo de la deuda pública de los países de la eurozona minusvalorando los riesgos por la existencia de un cortafuegos financiero. El verdadero cortafuegos financiero es la política fiscal basada en la estabilidad presupuestaria, además de la realización de reformas que favorezcan el crecimiento económico.

Acerca de Gonzalo García Abad

Licenciado en Economía con amplio interés en la Fiscalidad, la Contabilidad, las Finanzas y el Derecho.
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