Los programas de máster de las universidades públicas españolas


 En estos días se está planteando el debate sobre los programas de máster en las universidades públicas españolas. Todo programa de estudios persigue diferentes objetivos. Algunos de los más importantes son los que se refieren a la orientación a los mercados de trabajo. En ese sentido, los estudios tienen dos misiones fundamentales, elevar la productividad de los estudiantes y servir de herramienta de señalización de la productividad de los estudiantes (como exponía aquí).

Los programas de máster de las universidades públicas como herramienta de señalización lo tienen complicado. Se supone que los estudiantes que pueden acceder a un programa de máster, los que han concluido un programa de grado, son los que tienen mayor probabilidad de tener cualidades propias de individuos de alta productividad tales como el esfuerzo, la inteligencia o la motivación. De no ser así lo que habría que hacer es reforzar el papel de los programas de grado como herramientas de señalización de alta productividad. Los programas de máster de las escuelas de negocios y universidades privadas son mucho más efectivos como señalizadores de pertenencia a importantes redes de contactos. Por ello creo que la principal misión de los programas de máster de las universidades públicas debe ser incrementar la productividad de los estudiantes.

Simplificando, las universidades públicas españolas pueden elevar la productividad de los titulados de grado de dos formas. La primera es formando profesionales orientados a la investigación y a la docencia, de forma que el máster fuese el punto de partida para continuar después con el doctorado. De lo que se trata es de ampliar conocimientos generales, pero sobre todo específicos de una determinada área del conocimiento, y de profundizar en la familiarización con la investigación en sí. La segunda vía es la de atender a la demanda de titulados con una formación específica por parte de alguna empresa, asociación empresarial, colegio profesional o cualquier otro colectivo profesional o empresarial.

Los buenos programas de máster orientados al mundo empresarial o al de las profesiones liberales pueden ser muy interesantes, pero es muy complicado que abunden. El primer escollo al que se tiene que enfrentar este tipo de máster es la elevada temporalidad y rotación de los trabajadores en España. Pocas empresas están dispuestas a colaborar con las universidades en formar buenos trabajadores para la competencia. La alternativa de seguir contratando trabajadores temporales es menos arriesgada. En todo caso, la colaboración con escuelas de negocios y universidades privadas suele ser más apetecible para las empresas, como forma de fortalecer contactos.

El segundo problema es el de la adecuación de lo que pueden ofrecer la universidades públicas a lo que necesitan las empresas. Lo ideal para las universidades públicas es ofrecer programas de máster en áreas donde su profesorado a tiempo completo está más desahogado de carga docente,  porque es lo que resulta más barato. Pero muchas de esas áreas están menos utilizadas por falta de alumnos, porque las perspectivas laborales no son las mejores. Y, además, el profesorado a tiempo completo de las universidades públicas está más orientado a su labor docente e investigadora que al mundo empresarial. Una opción es que los profesores del máster sean fundamentalmente profesionales de la empresa que colaboran a tiempo parcial con la universidad, pero si se quiere contar con los mejores profesionales el coste se  puede disparar. En el ámbito de los programas de máster de las universidades públicas orientados específicamente a la empresa o a profesiones liberales la tarea es compleja.

La otra orientación es la de formar profesionales del ámbito de la docencia y la investigación. Es el punto fuerte de la universidad. Sin embargo, existe un importante problema. Hay unos pocos departamentos universitarios punteros, referencia a nivel mundial. Pero la gran mayoría de los departamentos no son foco de atracción, sino de formación de buenos profesores que acabamos exportando al extranjero, porque no existe en la universidad española capacidad como para dar trabajo a tantos profesores como se forman. Eso puede ser bueno, lo mismo que es muy necesaria la atracción de profesores extranjeros en las áreas de conocimiento donde somos más débiles.

Pero otra vez, el problema de la formación docente e investigadora, vuelve a ser que hay mucha capacidad de formar profesores en áreas excedentarias. En esas áreas hay, en relación a los alumnos que podrían acceder al máster, muchos profesores que podrían formar más profesores, pero eso no hace sino agravar el excedente.

¿Podemos formar muchos profesores para exportarlos a otros países? Puede ser una opción, pero hay que financiarla, la clave está en el rendimiento que genere para la sociedad española tener muchos profesores formados en España trabajando en el extranjero. Se puede cobrar el importe total de esa formación, sin posibilidad de acceder a becas por ejemplo, pero es injusto. Lo más lógico sería buscar vías para que esos profesores formados en España y que trabajan en el extranjero sirvan de cauce para intercambios positivos a diferentes niveles entre España y el extranjero.

Otro de los problemas de los programas de máster de las universidades públicas españolas es afrontar el reto de la dispersión. España es un país en el que hay una importante densidad de población entorno a una estrecha franja de costa, en Madrid, y en algunas zonas de sus islas, disminuyendo mucho en el interior, salvo algunas ciudades grandes como Sevilla o Zaragoza y algunas otras ciudades más pequeñas. Es difícil crear universidades con un buen número de profesores especializados en la misma área de conocimiento, porque eso supone detraer recursos de otras áreas y hay que hacer equilibrios muy finos entre las distintas ciudades. Las distancias complican la coordinación entre ciudades. Ninguna ciudad quiere renunciar a nada. Con excepciones, los máster tienden a ser más generalistas, de modo que corren el riesgo de convertirse en una mera continuación del grado, pero más cara. Cuando los programas de máster se especializan más suelen depender mucho de personas concretas, lo cual encierra peligros. Pueden funcionar bien o funcionar mal exclusivamente por la capacidad de trabajo y organización de una personas o un número muy reducido de personas.

Acerca de Gonzalo García Abad

Licenciado en Economía con amplio interés en la Fiscalidad, la Contabilidad, las Finanzas y el Derecho.
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