Un relato de cómo se fueron reduciendo los tipos de interés de la economía española


 A lo largo de más de veinte años los tipos de interés de la economía española han tenido una importante tendencia a la reducción. La situación previa al Tratado de Maastricht era de altos tipos de interés. Permanecían rondando el 12-13%. Por su parte, la inflación rondaba el 5%. Había uno tipos de interés reales, si descontamos la inflación, muy elevados.

El Tratado de la Unión Europea (también conocido como Tratado de Maastricht), que fue firmado en Maastricht el 7 de febreo de 1992, sentó algunas de las bases más importantes de lo que hoy es  el euro. Las bases del Tratado de Maastricht se podrían resumir en unas sola palabra: estabilidad.  El Tratado de _Maastricht estableció unos criterios de convergencia, pero no de convergencia real, de convergencia en el PIB por persona, sino convergencia en un compromiso de estabilidad en el más amplio sentido. Los requisitos del Tratado de Maastricht llevaban a la estabilidad cambiaria (a no devaluar las monedas nacionales), a la estabilidad presupuestaria (con el requisito de reducir los porcentajes que representan el déficit público y la deuda pública sobre el PIB), a la estabilidad de precios (reducción de la inflación). Cumpliendo con esa triple estabilidad lo esperable es que se cumpla un último criterio, el de que los tipos de interés no superasen en un 2% a los de la media de los tres países con menor inflación.

En el año 1992 se inició un camino de lucha por la estabilidad. Ese camino pronto se tropezaría con algunas dificultades. España era una democracia relativamente reciente que realizó un importante esfuerzo por su proyección internacional. El mismo año que se firmó el Tratado de Maastricht, España fue sede de importantes eventos: Madrid fue la capital cultural europea, Sevilla organizó  una exposición universal y Barcelona unos juegos olímpicos. Esos eventos supusieron gastos antes de su celebración (como la construcción de infraestruturas), durante su celebración (por la propia organización y puesta  en funcionamiento del evento) y después (por el mantenimiento de las infraestructuras). En los años previos también hubo un redimensionamiento del tamaño del Estado. El presupuesto quedaba algo desencajado. Pero, sobre todo, llegó una crisis que en el año 1993 llevó a España a la recesión. Uno de los elementos importantes fue la subida del precio del petróleo. España vivió una situación complicada que condujo nuestras cifras de paro a poco menos del 25% y a varias devaluaciones de la peseta. La prima de riesgo era muy elevada.

Pero a lo largo de los años 90 las cosas empezaron a cambiar. Por un lado hubo un contexto internacional de políticas monetarias expansivas. Lógicamente esas políticas condujeron a una reducción internacional de los tipos de interés, que tuvo su reflejo en España. Pero a la altura de 1995, aunque los tipos de interés se habían reducido no se habían reducido en la misma proporción que en otros países. Por ejemplo, el Estado de España debía pagar un interés de un 5% más que el alemán por sus bonos a 10 años. Había una percepción de riesgo en la economía española. El precedente de las devaluaciones no era bueno, ya que los acreedores que habían prestado su dinero en pesetas vieron como se les devolvía su dinero en pesetas devaluadas, pesetas que valían menos en sus monedas nacionales. Pero, además se tenía miedo tanto a una crisis como a una recuperación. Lógicamente una crisis puede erosionar las finanzas del Estado, y no sólo del Estado. Pero la experiencia demostraba que la economía española, cuando crecía lo hacía con importantes desequilibrios financieros. En las épocas de bonanza las exportaciones crecían pero menos que las importaciones. Uno de los problemas de España era la inflación que nos iba restando competitividad. Por ello, se tenía miedo a que una recuperación llevase a  incrementos importantes de las importaciones. La balanza comercial  española tendía a acumular un déficit importante en épocas de bonanza. Ese déficit al no poder ser contrarrestado por otras partidas con superávit llevaba a acumular déficit en la balanza  por cuenta corriente. El déficit en la balanza por cuenta corriente genera una necesidad de financiación de la economía. Esa falta de competitividad de las exportaciones llevaba a endeudamiento. Se tenía miedo al endeudamiento, tanto público como privado de la economía española. Y se tenía miedo al remedio para dar más dinamismo a las exportaciones, el remedio de las devaluaciones de la peseta. En aquellos momentos no había nacido el euro, ni se tenía claro que España fuese a participar en él.

La percepción de riesgo se fue reduciendo. España fue cumpliendo con los compromisos de estabilidad marcados por los criterios de convergencia del Tratado de Maastricht y al mismo tiempo coincidió la recuperación económica. Se redujeron la inflación y el déficit público y no se volvió a recurrir a la devaluación de la peseta.

El euro entra en funcionamiento el 1 de enero de 1999, tres años antes de comenzar el proceso de reemplazo de las monedas y billetes. A partir de ahí comenzamos una política monetaria y cambiaria común con el resto de países adherido al euro. España vive una época en la que está creciendo por encima de lo normal. Sin embargo, otros países como, por ejemplo, Alemania estaban creciendo por debajo de lo normal. Teóricamente el BCE, no lo digo yo sino sus estatutos, tiene como compromiso velar por la estabilidad de precios. El crecimiento algo mayor al normal hace que crezca más la demanda y los precios, genera inflación. Ese era un problema en España pero no en otros países, que estaban más preocupados por su bajo crecimiento. El BCE mantuvo una política monetaria expansiva, que conduce a reducidos tipos de interés, lo que contribuye a incrementar la demanda y la inflación. El gobierno español, por su parte se había comprometido a tener un déficit por debajo del 3%. Lo que sucede es que la estabilidad presupuestaria no se puede entender sin ponerla en el contexto de la situación que vive el país. Como en esos años la economía española crecía por encima de lo normal, un pequeño déficit, aun por debajo del 3%, era una política fiscal que podemos calificar de expansiva. Esa política fiscal expansiva contribuye a que haya más demanda y más inflación. Durante muchos años crecimos generando más inflación que otros países de la eurozona. Como tenemos la misma moneda, eso contribuyó a perder comptetitividad. Antes de entrar en el euro, nuestros precios subían pero, con las devaluaciones de la peseta,  esos precios que en pesetas eran bastante altos no lo eran medidos en moneda extranjera. Al perder competitividad se reducían las exportaciones a la vez que aumentaban las importaciones. Poco a poco los viejos temores anteriores al euro se iban confirmando. España había crecido, pero creciendo mucho más sus importaciones que sus exportaciones. Ese importante desequilibrio en la balanza por cuenta corriente se tradujo en un importante endeudamiento.

Pero llegó la crisis y, curiosamente, las respuestas fueron semejantes a las de la época de bonanza, políticas fiscales expansivas y políticas monetarias expansivas. A pesar de que el BCE reducía sus tipos, muchos deudores veían como los tipos de interés que tenían que pagar por su deuda se elevaban. Eso era así por el incremento en la percepción del riesgo. Un caso muy claro es el del Estado, cuyo endeudamiento generó preocupación. Los nuevos compromisos de estabilidad presupuestaria de los últimos gobiernos contribuyeron a reducir la prima de riesgo,  de manera que los tipos de interés que paga el Estado por su deuda se han reducido considerablemente. Y como los tipos de interés del Estado se toman como referencia del mínimo riesgo dentro de una economía eso ha contribuido a la reducción de muchos tipos de interés en la economía española.

Ahora los tipos de interés rozan el 0% para los deudores más solventes y los plazos más cortos. Y el BCE pretende extender esos bajos tipos de interés a plazos mayores y a mayor número de deudores.

Acerca de Gonzalo García Abad

Licenciado en Economía con amplio interés en la Fiscalidad, la Contabilidad, las Finanzas y el Derecho.
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2 respuestas a Un relato de cómo se fueron reduciendo los tipos de interés de la economía española

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