Consideraciones estratégicas de la Política Agraria Común


 La Política Agraria Común (PAC), así como la Política Pesquera Común, se han basado en el establecimiento de un conjunto de medidas que hacen más competitivos los productos agrarios y pesqueros europeos, fundamentalmente a través de subvenciones. Varios pueden ser los objetivos de la Política Agraria Común y de la Política Pesquera Común, como la modernización de las actividades, el mantenimiento de un determinado equilibrio entre los países de la UE, buscar una solución al problema del abandono de cultivos, abordar la despoblación rural, etc. Una de las consideraciones menos simpáticas para el establecimiento de la Política Agraria Común es la consideración de los asuntos estratégicos.

La Política Agraria Común es un fruto del proceso de creación de las Comunidades Europeas, tras el fin de la II Guerra Mundial. Este proceso se produjo en plena Guerra Fría y con la perspectiva de que pudiesen existir conflictos bélicos que afectasen al suministro de alimentos a la población, así como de otras materias primas importantes.

Por otro lado, fueron años de importante crecimiento en los países fundadores de las Comunidades Europeas  de la productividad y de los salarios, sobre todo en la industria. Cada vez más población abandonaba el campo en busca de opciones en las ciudades, lo que lógicamente disminuía la oferta de trabajadores agrarios. Al mismo tiempo, el crecimiento de la productividad del trabajo en la agricultura fue espectacular. En esas condiciones los salarios en las actividades agrícolas y ganaderas comenzaban a subir y con ellos los costes y precios de los productos agrarios, que no obstante lo hicieron en menor proporción que los de otros bienes y servicios de la economía.

En esas circunstancias se plantea la posibilidad de que los habitantes de los países comunitarios se alimenten principalmente de alimentos importados. En países menos desarrollados económicamente, los salarios son más reducidos y no es muy complicado disponer de las novedades que tanto impulsaron la productividad en los países comunitarios, fundamentalmente maquinaria y productos químicos como pesticidas, fertilizantes o medicamentos. Además, costes como los derivados del transporte a largas distancias estaban reduciéndose. Por eso se podía imaginar un escenario de progresiva sustitución de la producción agraria de los países comunitarios por la de terceros países, es decir, una mayor dependencia de las importaciones agrarias.

A primera vista, esa sustitución hubiese sido muy beneficiosa. A los países comunitarios les permitiría acceder a una mayor cantidad y variedad de alimentos a un menor coste, lo que favorece una economía más competitiva. A los países productores les beneficiaría como vía para crecer y financiar, con el dinero obtenido de las exportaciones, importaciones muy necesarias para su economía. Indudablemente habría otros beneficios y perjuicios, pero esos son muy importantes.

Pero, claro, la alimentación es una necesidad vital. Gran parte de la producción agrícola, ganadera, forestal o pesquera va dirigida a la alimentación. Solamente una pequeña parte va dirigida a la obtención de materias primas para el sector textil, para la producción de energía o para la producción de materiales de construcción, por ejemplo. Por lo tanto, esa sustitución implica el desarrollo de una dependencia para el suministro de  de alimentos de otros países.

En el contexto de la Guerra Fría en el que se crearon las Comunidades Europeas, y en realidad en cualquier contexto, es lógico preguntarse qué pasaría en el caso de que hubiese una guerra en Europa y se hubiese abandonado gran parte de los cultivos en favor de una enorme dependencia alimentaria exterior. Lógicamente la debilidad militar europea sería grande, a falta de alimentos. Pensemos que las épocas de guerra no son especialmente favorables al comercio exterior. Esa circunstancia podía convertir el territorio comunitario en un territorio especialmente vulnerable a los ataques militares. En cierto modo, la PAC pretende evitar esa vulnerabilidad.

Pero existe una segunda vulnerabilidad. Por desgracia, a lo largo del período en el que la PAC lleva estando vigente, ha habido guerras en muchos países del planeta. También ha habido otro tipo de desórdenes que, sin llegar al estallido de una guerra, han interrumpido el normal desarrollo de las actividades de producción y comercio internacional en determinados países. La producción de un determinado producto agrario suele estar repartida por todo el mundo, pero también dependiendo de circunstancias como el clima o incluso consideraciones culturales, suele estar concentrada en torno a determinados lugares. Cuando hay un problema en un lugar concreto, los precios de los productos agrarios que se producen allí pueden verse afectados, y el suministro se puede dificultar mucho.

Pero esta relación de dependencia se puede producir en muchos productos agrarios. La alimentación está bastante ligada al clima y a la cultura. Lugares que comparten climas semejantes y culturas cercanas tienen mayor probabilidad de estar especializados en productos agrarios similares. Normalmente, un problema en un determinado lugar afín cultural y climáticamente  puede afectar a un conjunto más o menos amplio de alimentos que los habitantes de un lugar consideran importantes para su alimentación.  Lógicamente si el conflicto es localizado, se pueden adquirir alimentos de otros lugares, pero la renuncia a determinados alimentos muy enraizados en las costumbres del consumidor puede ser compleja. Los cambios de dieta implican sacrificios, sacrificios que quizá una parte de la población no sepa como afrontar.

Para evitar estas circunstancias se busca que una determinada proporción del consumo de alimentos dentro de la Unión Europea dependa de lo que se produce en su interior. Pero, dados los precios internacionales de los productos agrarios, eso exige subvencionar a los productos agrarios y pesqueros de la Unión Europea, ya que en muchos casos al precio internacional solamente se produciría una cantidad pequeña de productos agrarios o pesqueros.

Acerca de Gonzalo García Abad

Licenciado en Economía con amplio interés en la Fiscalidad, la Contabilidad, las Finanzas y el Derecho.
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