El centro de las ciudades españolas: entre la adaptación y la renuncia


Las ciudades españolas, tanto grandes como medianas, siguen un patrón general. A lo largo de la últimas décadas su centro tradicional ha perdido fuerza al mismo tiempo que han ido surgiendo nuevos centros y una urbanización creciente de las afueras de las diversas ciudades, en lo que hasta no hace muchas décadas eran en la mayoría de los casos pequeños pueblos dedicados fundamentalmente a la agricultura, la ganadería o la pesca. El asentamiento, la reversión o la matización de esta tendencia tendrá un importante efecto sobre la forma en la que se desarrollan las actividades económicas en las ciudades españolas.

Los centros de las ciudades también envejecen. Normalmente son los centros de las ciudades por su posición geográfica, pero también histórica. Normalmente los centros ya vienen desarrollando actividades económicas desde hace muchas décadas, cuando no siglos. Eso hace que, por un lado,  los centros estén configurados originariamente para atender necesidades antiguas, que pueden distar mucho de las necesidades de la ciudad moderna. Por otro lado, las soluciones empleadas son las propias de una ciudad más antigua. A medida que se van introduciendo nuevas formas tecnológicas en un sociedad, se va planteando un proceso de adaptación del centro de las ciudades a las nuevas necesidades, que en caso de no resolverse suele implicar la renuncia al centro de las ciudades de muchos individuos y empresas. En muchos casos, por el elevado coste, no queda otro remedio que renunciar. Ese coste puede ser monetario, pero también puede ser ambiental, histórico, cultural, organizativo, etc…

Paralelamente vivimos un proceso de crecimiento económico que alumbra nuevas actividades económicas y produce nuevas formas de incrementar la producción de otras actividades. Los centros de las ciudades también tienen su protagonismo, son puntos de atracción de nuevas actividades.

En ese proceso de adaptación de los centros de las ciudades o, en su caso, de renuncia a los centros de las ciudades, en las últimas décadas ha predominado en bastantes ocasiones la renuncia al centro de las ciudades. El centro de las ciudades ha crecido económicamente, de forma paralela a lo que lo ha hecho el conjunto de la economía, pero no todo lo que se esperaría de lugares configurados como polos de atracción, como es el caso del centro de las ciudades españolas.

La adaptación implica no sólo la ideación de nuevas soluciones, sino también la conciliación de intereses muy diversos y, en general, legítimos. En general, se ha optado por hacer obras que mejoren los servicios de transporte; de aparcamiento; de conducción de electricidad, agua o telecomunicaciones; la recogida de basuras, etc. Más complicación ha tenido la modificación de los lugares donde las empresas privadas y las Administraciones Públicas desarrollan sus actividades. Ha habido muchos debates en torno a cómo debían ser, y a en torno a dónde debían situarse, los colegios, los hospitales, las universidades, las oficinas bancarias, los comercios, los despachos profesionales, los juzgados, etc… En muchos casos se ha resuelto ese debate, pero no siempre de manera satisfactoria para todo el mundo. En otros casos el debate continúa. En los casos en los que el debate se ha resuelto, en no pocas ocasiones, se ha optado por el abandono del centro.

Digo debate de forma metafórica, en el sentido de intercambio de respuestas. Las decisiones de la Administración, las empresas privadas y los particulares están relacionadas. Los agentes implicados no toman una decisión autónoma, sino que responden en función de lo que hacen los otros. Así, una empresa no decide si abandona o permanece en el centro de una ciudad, sino que realmente decide si abandona el centro o permanece en él dadas las circunstancias, fuertemente influenciadas por las decisiones de los demás. Cada agente responde a lo que hacen los demás.

Aunque las soluciones negociadas, a través de contratos en el caso de los particulares y las empresas, o a través de acuerdos políticos en el seno de los ayuntamientos o incluso entre distintas administraciones puedan ser muy beneficiosos no están exentos de dificultades.

La alternativa a la negociación es el conflicto. Incluso, en algunas ocasiones, es la única alternativa, como en el caso de los acuerdos entre empresas que puedan afectar a la competencia, que en general están prohibidos (no cuando se pueda hacer partícipe al consumidor de los beneficios del acuerdo). Ese conflicto puede adoptar muchas formas. Puede ser un conflicto judicial, puede canalizarse a través de diversas formas de presión, puede ser un conflicto competitivo entre empresas, etc.

El problema para el centro de las ciudades españolas es que frecuentemente ese conflicto se ha canalizado hacia la renuncia al centro, en lugar de hacia la adaptación para encontrar nuevas formas de organización del centro de las ciudades que permitan atender a las nuevas necesidades y paliar los efectos del paso del tiempo. El centro de las ciudades está creciendo por debajo de lo que debiese ser su potencial. Eso está configurando un tipo diferente de ciudades españolas que tiene un centro menos marcado y que se urbaniza crecientemente hacia las afueras.

.

Acerca de Gonzalo García Abad

Licenciado en Economía con amplio interés en la Fiscalidad, la Contabilidad, las Finanzas y el Derecho.
Esta entrada fue publicada en Economía de España y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s