¿Existe siempre una oferta y una demanda?


Una de las expresiones más grandilocuentes que existen relacionada con la Economía es la que se refiere a “la oferta y la demanda”. Se usa mucho, en términos casi poéticos la expresión “juego de la oferta y la demanda” como metáfora del funcionamiento de los mercados. La oferta y la demanda son dos conceptos teóricos que tienen mucho interés para explicar la realidad de las relaciones humanas que se producen  a través del intercambio. En todo intercambio existe una cantidad intercambiada, y hay un equilibrio cuando la cantidad ofrecida es igual a la cantidad demandada y un desequilibrio cuando no es así. Por ejemplo, el desempleo es un fenómeno de desequilibrio donde, para el salario existente en el mercado, es menor la cantidad demandada de trabajo por parte de las empresas que la cantidad ofrecida por los trabajadores. Pero no debe confundirse oferta con cantidad ofertada, ni demanda con cantidad demandada. Oferta y demanda son relaciones entre cantidades ofrecidas y demandadas y precios, entendidas como curvas de oferta y de demanda; o  una relación entre cantidades demandas y ofrecidas con un conjunto de variables de las que dependen, entre las que se encuentran los precios del  bien, en el caso de las funciones de demanda y de oferta. Pero esa relación no siempre existe. Particularmente, para que exista oferta se tienen que dar unas condiciones bastante restrictivas que no se dan con excesiva habitualidad. Incluso, en ocasiones, (menos habitualmente de lo que se da el caso de la ausencia de oferta)  no existe tal cosa como una demanda.

Un caso muy habitual es aquél en el que no existe oferta de un bien porque no existe competencia perfecta. La competencia perfecta implica que ningún productor tiene capacidad de influir sobre el precio del bien, tiene que aceptarlo sin más. Se habla de que los agentes son precio-aceptantes, precisamente porque tienen que aceptar sin más el precio, sin capacidad ninguna de influir sobre él. La oferta sería una relación entre la cantidad que ofrezca al mercado y el precio que exista en ese mercado. Esa oferta está únicamente influida por factores de costes. Pero imaginemos el caso, muy habitual, en el que el productor del bien tiene alguna  capacidad de influir sobre el precio que va a cobrar. Un ejemplo muy claro es el del monopolista. El monopolista tiene en cuenta la demanda al decidir la cantidad que ofrecerá al mercado. A medida que oferta más, el precio que están dispuestos a pagar los consumidores por su producto será menor. Si quiere obtener el máximo beneficio, producirá cantidades del bien hasta que el coste de producir una unidad adicional del bien sea igual al ingreso que pueda obtener con una unidad adicional del bien. Es lógico porque, si el ingreso que pudiese obtener por producir una unidad más del bien es mayor que el coste de producirla, está claro que tiene cuenta producirla; si es menor, está claro que tiene cuenta dejar de producir esa unidad. Pero el ingreso marginal, el ingreso derivado de vender una unidad más o una unidad menos, depende de la demanda. No hay una única cantidad óptima que ofrecería la empresa monopolista en función del precio que haya en el mercado. precisamente porque ese precio depende de su propia decisión, la empresa monopolista no es precio-aceptante.

Algo semejante sucede también en algunos casos con la demanda. Un ejemplo puede ser la demanda de trabajo de un monopsonista. Existe un monopsonio cuando solamente hay un demandante. Por ejemplo,  nos podemos imaginar una empresa que es la única que puede contratar trabajadores de unas determinadas características en un determinado lugar. Esa empresa sabe que, a medida que contrata más trabajadores, tendrá que pagar más por ellos. La cantidad de trabajadores que demande depende de la oferta de trabajadores. Esa empresa tiene capacidad de influir con sus decisiones en el salario, el precio del trabajo.

La oferta y la demanda son dos conceptos teóricos que sirven para describir relaciones entre cantidades ofrecidas o demandadas y precios, pero que exigen condiciones restrictivas. En muchos casos los agentes tienen una capacidad de influencia sobre el precio que reciben o pagan, no son precio-aceptantes. Por eso referirse al “juego de la oferta y la demanda” como sinónimo de funcionamiento de los mercados puede ser, a menudo, equivocado. El funcionamiento de los mercados tiene mucho de estratégico.

Acerca de Gonzalo García Abad

Licenciado en Economía con amplio interés en la Fiscalidad, la Contabilidad, las Finanzas y el Derecho.
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