Grecia, el rescate y las reformas estructurales


 Probablemente el mayor escollo que afronta Grecia para sacar adelante una negociación sobre el rescate y sobre su deuda sea la negociación de un programa de reformas estructurales creíble y eficaz. Cuando un país pide un rescate es evidente que hay aspectos en ese país que no funcionan. La viabilidad del cumplimiento de los compromisos del rescate depende de lo que crezca el país afectado, en este caso Grecia. Las reformas estructurales emprendidas en el marco de un programa de rescate van precisamente encaminadas a resolver los problemas de esa economía, con el fin de que crezca más y pueda cumplir sus compromisos con mayor facilidad, a la misma vez que mejora el bienestar material de los ciudadanos. En esta entrada pretendo explicar por qué es muy importante que las reformas salgan desde el propio país afectado, lo que creo que dado el programa de Syriza, hace más complicado el acuerdo.

Pensemos que es lo que sucede cuando los organismos internacionales pretenden imponer un conjunto de medidas. Se llega a un acuerdo con el gobierno del país rescatado y éste implementa un conjunto de medidas que van encaminadas a organizar mejor los recursos de los que dispone el país y de este modo crecer más. Pero, si de lo que se trata es de organizarse mejor, ¿por qué no se ha hecho antes? La clave está en ese mejor, ¿mejor para quién? Es perfectamente posible, o más bien habitual, que existan sectores dentro de la economía de un país en los que se podría mejorar su funcionamiento pero en los que esa forma diferente de organizarse implicaría que algunas personas, algunas empresas u otro tipo de instituciones perdiesen. Todo gobierno, y particularmente todo gobierno democrático, debe tener presente los apoyos y rechazos que genera su política. Normalmente pocos votantes apoyan al gobierno que toma la decisión de implementar reformas que redunden en una mejor organización de un sector que no les afecta directamente, aunque eso beneficie al conjunto de la economía y a ese individuo indirectamente. Sin embargo, es muy habitual que muchas personas dejen de apoyar a un gobierno por reformas que les perjudican particularmente. En condiciones normales, no las de un rescate, un gobierno puede ganar elecciones siempre que no despierte excesivos rechazos. Por eso la tendencia es a postergar reformas estructurales. En el marco de un program de rescate si las reformas vienen impuestas internacionalmente el gobierno puede tener la tentación de erigirse en defensor de los perjudicados por las reformas, a fin de ganar votos. Normalmente lo hará de forma lo suficientemente sutil como para poder defender nacionalmente que “protege los intereses nacionales” e internacionalmente que cumple con los compromisos. Eso supondría sentar las bases del fracaso del rescate.

Cuando llega una situación de rescate, o tan siquiera de crisis, mucha gente empieza a ser consciente de los problemas estructurales de su economía. Muchos son conscientes de que en una economía maltrecha es muy difícil tener oportunidades. Son muchos quienes están dispuestos a ceder en el sector particular que les afecta, con el fin de lograr organizar mejor su país, de forma que se incremente su potencial de crecimiento. Las resistencias comienzan a ser menores y electoralmente menos decisivas. Sin embargo, sigue siendo muy importante un factor fundamental, la reacción de los individuos afectados por cada reforma. Esa reacción es muy complicada de prever internacionalmente. En muchos sectores son necesarias conversaciones con los implicados, a fin de conocer sus expectativas, su disposición a aceptar las reformas y sus reivindicaciones. En muchos casos es preferible aceptar logros menos ambiciosos en algunos sectores y ofrecer a los afectados algún tipo de contraprestación no prevista incialmente  que enfrentarse a las consecuencias de la reacción de los implicados. En cierto modo es una situación semejante a la que se enfrentan las negociaciones del rescate griego. La troika teme la reacción griega, que podría suponer una salida del euro, lo que lleva a una solución previsiblemente negociada. La diferencia en el caso del diseño e implementación de reformas estructurales es que afectan a muchísimos sectores de la economía, y por lo tanto el número de conversaciones ha de ser necesariamente grande. En algunos casos se trata de negociaciones formales y en la mayoría de meras conversaciones informales que sirvan al gobierno para calcular las consecuencias de las reformas. Ningún organismo internacional está en condiciones de llevar adelante ese proceso por sí mismo, no dispondría de personal suficiente como para hacerse una idea tan completa como la que se puede hacer el gobierno del propio país.

Además del conocimiento, hay un segundo factor muy importante. El encargado de llevar a cabo las reformas estructurales del rescate es el gobierno del país afectado. Sin la colaboración del gobierno es muy difícil que esas medidas prosperen. Es más sencillo encontrar esa colaboración si es el propio gobierno del país afectado el que propone las reformas.

El éxito del rescate dependerá en buena medida de la capacidad de llegar a un acuerdo en el que se implique el gobierno griego, pero que sea viable. La dificultad está en las propias posturas radicales que ha propuesto el gobierno griego.

Acerca de Gonzalo García Abad

Licenciado en Economía con amplio interés en la Fiscalidad, la Contabilidad, las Finanzas y el Derecho.
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