¿De verdad necesitamos un modelo productivo?


En España se oyen periódicamente voces alertándonos de la necesidad de un cambo en el modelo productivo, que sería el gran reto de la economía española. Quiero plantear una reflexión sobre qué es el modelo productivo y si es o no necesario.

Un modelo en la teoría económica es una representación simplificada de la realidad que sirve para entender mejor el funcionamiento de esa realidad. Cuando lo aplicamos a una economía completa, sector por sector, faceta por faceta de la vida económica de un país, presupone diseñar una simplificación que nos permita conocer el funcionamiento de todos los sectores de la economía de un país y las relaciones entre ellos. Ese objetivo es un objetivo demasiado ambicioso. Por establecer una comparación es como tener un procedimiento para saber con precisión si un edificio está en perfectas condiciones, o si en un automóvil funcionan todas sus piezas, o si un individuo está completamente exento de enfermedad. Normalmente lo sensato será estudiar los aspectos donde más frecuentemente surgen problemas en ese edificio, automóvil o persona. No se tendrá una garantía de que todo funciona bien, pero al menos habremos realizado las indagaciones necesarias como para valorar una alta probabilidad de que todo funcione. Cuando se habla de modelo productivo se está aspirando a un objetivo enormemente ambicioso, el conocimiento del funcionamiento de toda la economía.

Pero el modelo productivo no se queda en un aspecto teórico. Tiene implicaciones prácticas. Al lado de la representación de lo que es hay otra representación, la de lo que debe ser. En este sentido un modelo productivo es un punto de referencia para ser imitado. Supone la idea de que el Estado puede intervenir para resolver no problemas concretos, sino los del conjunto de la economía. Se parte de la base de que el Estado no puede resolver problemas concretos. Se dice que al resolver problemas en alguna de las áreas de la economía, eso afecta a otras, de manera que el resultado es incierto. En realidad esa afirmación es cierta. Lo que sucede es que es mucho decir que podamos comprender y controlar un conjunto. Es como si dijésemos que un edificio es un conjunto y que cualquier reforma en una de sus partes afecta al conjunto, lo cual no deja de ser cierto. Sin embargo, si surge un problema que urge a una reparación concreta, ¿alguien sensato plantearía una reforma global de todo el edificio siempre que se produzca una situación así? La intervención del Estado en la economía tiene como objetivos fundamentales resolver situaciones que se valoran como injustas o ineficientes. Cuando se observa que existe una situación injusta o que se puede obtener mayor bienestar se debe actuar, si existe un remedio para ello. Lógicamente la intervención puede condicionar que otros sectores de la economía se vean indirectamente afectados, lo cual debe tenerse en cuenta a la hora de intervenir, pero la intervención debe centrarse en problemas concretos abordables.

Un aspecto crucial en una economía es su capacidad de innovar. La innovación supone romper esquemas e ideas preconcebidas, supone aportar algo nuevo, una dirección imprevista. Es bueno que la economía camine por senderos no previstos, que son los que la hacen avanzar. Una visión muy encorsetada desde el despacho de un ministerio no creo que sea el mejor modelo a imitar, de hecho lo mejor es que no existan modelos, ya que un modelo parte necesariamente de la reproducción de algo ya existente.

Pero hay otro aspecto muy importante, que es el jurídico. La Constitución Española, como otras en el mundo que respeta los derechos humanos, garantiza el derecho al libre desarrollo de la personalidad, sin esquemas preconcebidos de cómo debemos ser. No se nos olvide que la idea de un modelo productivo parte de la decisión del Estado orientada a que los individuos dejen de ser como son o deciden ser para convertirlos en aquéllos que deben ser. La puesta en práctica de un modelo productivo implica la idea de que el Estado puede decidir cuántos ciudadanos tienen que dedicarse a cada cosa y en qué condiciones, qué conductas han de imponerse para conseguirlo y qué otras han de prohibirse. En definitiva los modelos sirven para hacer moldes en los que los ciudadanos deben entrar. Por contra, las constituciones modernas promueven la intervención del Estado para todo lo contrario, para garantizar que el individuo pueda tomar libremente las decisiones que crea oportunas, el papel del Estado es el de garante de la libertad en primer término. En segundo lugar, y dado que existen situaciones de injusticia, el Estado promueve en la medida de lo posible, la intervención para resolver problemas concretos como la falta de trabajo; las injusticias en el ámbito laboral; la pobreza; la falta de acceso a la educación, la sanidad o la vivienda; por poner unos pocos ejemplos. Son todas ellas situaciones concretas y definidas de injusticia. Además, y dado que existen fallos en el funcionamiento del mercado, las constituciones autorizan a los Estado a intervenir con el fin de buscar un mayor grado de eficiencia. Por último también se autoriza al Estado a promover, que no a imponer, determinados comportamientos. Imponer comportamientos es lo propio de una sociedad que ha de introducirse dentro de un molde, promover un conjunto de valores puede contribuir al bienestar de la mayoría de los individuos.

Por lo tanto, creo que no necesitamos un cambio en el modelo productivo y ni tan siquiera necesitamos un modelo productivo. En su lugar, creo que es más recomendable que la intervención del Estado se centre en resolver problemas concretos, siempre que sean abordables, es decir que exista una solución que permita obtener un resultado mejor que el obtenido sin intervención.

Acerca de Gonzalo García Abad

Licenciado en Economía con amplio interés en la Fiscalidad, la Contabilidad, las Finanzas y el Derecho.
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2 respuestas a ¿De verdad necesitamos un modelo productivo?

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