¿Sería una buena medida depreciar el euro?


El secretario general del PSOE ha realizado una propuesta muy concreta de política económica. Creo que la llegada de propuestas concretas al debate político debe ser  bienvenida, pero creo que la depreciación del euro no es el camino.

Son varias las razones por las que creo que se equivoca. Entre ellas:

1) Una depreciación del euro puede incrementar las cantidades físicas de producto exportadas, pero a cambio la depreciación reduce el precio que obtenemos por las exportaciones. Cuanto más depreciemos el euro, menor cantidad moneda extranjera nos darán por una venta cuyo precio está fijado en euros. Que el valor de las exportaciones crezca dependerá de qué pesa más, si el incremento de las cantidades físicas de producto que vendamos o de la reducción del precio, medido en moneda extranjera, que obtenemos por ellas.

2)Paralelamente tendríamos que pagar más por nuestras importaciones en moneda extranjera. No se nos olvide que el petróleo se negocia en dólares y que la dependencia de muchos de nuestros costes del precio del petróleo es grande. Se produciría un encarecimiento de la energía que elevaría nuestros costes, reduciendo nuestra competitividad.

3)Tengamos en cuenta que, en el corto plazo, los precios y demás condiciones de muchas transacciones están fijados, por lo cual, aunque se hayan abaratado las exportaciones, durante un período de tiempo las cantidades físicas de producto vendido apenas tendrán margen para variar. Si el precio que obtenemos por ellas se abarata y, durante ese período de tiempo, no varía la cantidad vendida, el resultado es que en el corto plazo nuestras exportaciones reducen su valor. Del mismo modo, las importaciones cuyo precio en moneda extranjera esté ya fijado nos saldrían más caras. A corto plazo se produciría un deterioro de la balanza por cuenta corriente.

4)La depreciación del euro puede ser vista como una forma encubierta de impago de nuestras deudas, muchas de ellas  en euros. Lo que devolvemos vale lo mismo en euros, pero menos en moneda extranjera. Hay que tener sumo cuidado porque la viabilidad de refinanciar nuestras deudas depende en gran parte de nuestra credibilidad. Muchos de nuestros acreedores utilizan diversas herramientas para cubrirse de esos riesgos, pero una depreciación del euro en cierto modo es una señal de renuncia a los compromisos.

5) Según la ley de un solo precio, los bienes que se pueden comercializar en todo el mundo deben valer lo mismo en todo el mundo si se expresan en la misma moneda, más allá de los costes que pueda suponer la transacción. De no ser así existirían beneficios de vender en aquellos países donde se vende más caro o de comprar en aquellos países donde es más barato. El incremento de la oferta y la disminución de la demanda reducirían el precio en aquellos lugares con un precio más alto, y el incremento de la demanda y la disminución de la oferta aumentarían el precio en aquellos lugares con un precio más bajo. Si se deprecia una moneda y los precios en el extranjero permanecen igual, esos movimientos tienen que llevar a un aumento de los precios de los bienes comercializables  internacionalmente. Es decir, la depreciación del euro conlleva efectos inflacionistas. Podría ser una herramienta para luchar contra la deflación, pero de momento no parece que haya deflación. La inflación, por contra, nos resta competitividad internacional.

6)Generar inflación nos puede separar de los principios de estabilidad presupuestaria. La inflación, de algún modo, pretende ser una escapatoria contra la estabilidad presupuestaria, al hacer que el valor real de nuestras deudas disminuya. Creo que el principio de estabilidad presupuestaria aporta estabilidad a la política de la zona euro. Creo que no debemos apartarnos de ese principio.

7)La inflación y el menor valor de las posiciones en euros medidas en moneda extranjera puede lesionar los intereses de los ahorradores. Esa es la razón por la que, para cubrirse de esos riesgos, en los países con mayor inestabilidad monetaria los ahorradores mantienen sus ahorros en monedas extranjeras más sólidas. En definitiva, iniciar un camino en el que la depreciación del euro pueda ser una medida tomada ordinariamente puede ser el camino para que el euro pierda credibilidad como moneda.

8)Cuando un zona importante, como la zona euro inicia este tipo de medidas, cabe esperar una respuesta.  Otros países podrían hacer lo mismo. No conviene iniciar guerras cambiarias. Las guerras cambiarias añaden inestabilidad al sistema, de hacerse una depreciación del euro debe hacerse de manera coordinada.

9)Lo que pretende una depreciación, en buena medida, es utilizar el abaratamiento de las exportaciones como una medida para ganar competitividad internacional. Creo que la depreciación del euro nos aparta de reformas necesarias. Creo que muchas reformas son necesarias porque el camino que hay que seguir es el abaratamiento por la vía de una reducción real de los costes por mejoras en la eficiencia. Cierto es que el debate sobre cuáles deben ser esas reformas no es sencillo, pero muchos sectores están necesitados de reformas.

10)La depreciación del euro pretende ser una medida expansiva de la demanda agregada. Se pretende aumentar la demanda por la vía de exportar más e importar menos. Pero eso obvia un problema, a mi juicio, muy importante. Es muy pronto para conocer el detalle de las causas de la crisis, pero creo que una parte importante de la crisis es consecuencia de problemas de oferta. Muchas empresas, al ver restringidas sus condiciones de acceso a la financiación, se han visto obligadas a disminuir sus inversiones. Con menos capital, con menos medios con los que producir, la reducción de la producción, y en consecuencia del empleo, es inevitable. Ante una crisis por disminución de la oferta, aumentar la demanda nos puede traer fundamentalmente inflación, en lugar de mayor producción y creación de empleo.

Acerca de Gonzalo García Abad

Licenciado en Economía con amplio interés en la Fiscalidad, la Contabilidad, las Finanzas y el Derecho.
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