¿Pudo ser interesante la inversión en participaciones preferentes?


En mi opinión, no resultaba interesante, prácticamente bajo ninguna circunstancia. Para explicar por qué considero que no lo eran, comparemos las participaciones preferentes con otros dos instrumentos financieros: uno de riesgo bajo, los depósitos a plazo fijo; otro de riesgo mayor, las acciones.

Comparemos tres situaciones: una en la que la empresa en cuyas acciones o participaciones preferentes nos planteamos invertir va bien, otra situación en la que dicha empresa va mal y otra situación intermedia.

Hay que tener en cuenta que no se podía haber adquirido acciones de las cajas de ahorros, pero sí de otras muchas empresas.

A) La empresa va bien

Si la empresa va bien, las acciones son una buena opción. Son una opción tanto mejor cuanto mejor vaya la empresa y menos previsto estuviese su buen comportamiento. Si ese buen comportamiento ya estaba previsto, el precio de las acciones cuando las compramos ya incluiría esta expectativa. Si ha ido obteniendo muchos más beneficios de los previstos las acciones subirán en la bolsa, tanto más cuanto mayores sean esos beneficios.

En este caso, las participaciones preferentes ofrecen un rendimiento algo mayor al de los depósitos a plazo fijo, pero claramente inferior al de las acciones. Dependiendo de cómo de bien vaya la empresa, los accionistas pueden llegar a ganar mucho dinero. Mientras tanto, los titulares de participaciones preferentes obtendrían un rendimiento fijo muchísimo más bajo. Está claro que en este caso las acciones son más interesantes.

B) La empresa va mal

Si la empresa va lo suficientemente mal puede entrar en una situación de crisis importante que puede llevar a lo que se denomina concurso de acreedores. En ese concurso de acreedores, que podría llevar a un convenio, pero también a la liquidación de la empresa, se pretende satisfacer, en la medida de lo posible, a los acreedores. Existe un orden a la hora de cobrar.

Los titulares de participaciones preferentes cobrarían los últimos, solamente por delante de los accionistas. Si se llega a la liquidación los accionistas no suelen cobrar nada, porque la empresa ya no es viable y normalmente habrá una parte importante de las deudas que no podrán satisfacerse. La perspectiva a la que se enfrenta el tenedor de participaciones preferentes es, en todo caso, muy negativa, puede perder una parte muy significativa de su dinero. Su situación es solamente un poco mejor que la de un accionista.

No es exactamente la circunstancia a la que se han enfrentado los que invirtieron en las participaciones preferentes porque se han producido los famosos rescates, lo que ha modificado un tanto la situación. No se llega a liquidar las cajas. Si se hubiese aplicado la normativa concursal con toda su crudeza hubiesen perdido mucho más dinero.

Es evidente que en esta situación no interesa poseer acciones o participaciones preferentes. En este caso lo más conveniente es un depósito a plazo fijo.

C) La empresa no va ni demasiado bien, ni demasiado mal

Nos podemos imaginar una situación que no ponga en peligro la supervivencia de la empresa, pero en la que los beneficios crezcan menos de lo previsto, se reduzcan o, incluso, haya algunas pérdidas pequeñas. En esta situación las acciones de la empresa no serán una buena opción, lo más probable es que caiga su cotización y los dividendos sean reducidos.

Por su parte, mientras se sigan repartiendo dividendos, las participaciones preferentes repartirán un cupón que, ahora sí, puede resultar atractivo. El problema que surge es que puede ser que no se reparta cupón porque haya pérdidas y no se repartan dividendos, entonces es más interesante un depósito a plazo fijo.

Además, hay que tener en cuenta que es probable que una situación como ésta no perdure eternamente en el tiempo, es muy probable que sea efímera. Entonces, no tardando mucho, nos encontraremos en una de las dos situaciones anteriores. Que esta situación no perdure es tanto más probable cuanto mayor sea el plazo de tiempo que consideremos.

Sería ésta la situación en la que podría llegar a tener algún pequeño interés, pero muy pequeño, tener participaciones preferentes. Pero la cuestión fundamental es que, para los riesgos que se corren, el rendimiento esperado es claramente insuficiente. Es mucho menor que el que se exige a las acciones, cuando el riesgo no es mucho menor.

 La conclusión, en mi opinión, es clara. Las participaciones preferentes nunca fueron una buena alternativa de inversión. Quienes invirtieron en participaciones preferentes lo hicieron fruto de su falta de información.

Acerca de Gonzalo García Abad

Licenciado en Economía con amplio interés en la Fiscalidad, la Contabilidad, las Finanzas y el Derecho.
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